martes, 12 de mayo de 2026

Mitos

 Mito africano - La luz de la luna - Pueblo Wute - Camerún

Parece ser que, al principio de la creación, el Sol y la Luna brillaban igual de intensamente, por lo que el día y la noche eran igual de claros. Sin embargo, y a pesar de que, aparentemente, eran buenos amigos, el Sol no quería que la Luna brillara tanto como él y maquinó un diabólico plan para conseguir su palidez.


Un día, el Sol le propuso a la Luna que se bañaran en un río. La Luna era muy 
pudorosa y no quería bañarse al lado del Sol, por lo que este, 
fingiendo una amabilidad que, en realidad, no sentía, le dijo que esperara en la orilla. Cuando viera que el agua hervía, ello quería decir que él ya se estaba bañando, por lo que podría entrar en el agua sin ser vista.

Dicho y hecho. La Luna esperó, y cuando vio las aguas del río bajar espumosas y calientes, entró también ella en la corriente. Lo que la Luna ignoraba era que aquellas aguas tenían el poder de atrapar la luz, por lo que, cuando emergió, estaba completamente pálida y triste. El Sol la había engañado: él no había entrado en el río, sino que había hecho una hoguera con ramajes para calentar el agua. A partir de entonces, el Sol brilla durante el día con todo su esplendor y la Luna solo es su pálido reflejo.

Mito guaraní- El árbol Toborochi - Bolivia

El Toborochi es un arbol nativo de las selvas tropicales y subtropicales de Sudamérica. Conocido también como árbol botella tiene la particularidad de florecer en plena estación invernal cuando la mayoría de los arboles empiezan a perder sus hojas. Con sus flores de color rosado anuncian la llegada del frío y del otoño.

      Cuenta una leyenda boliviana que hace mucho tiempo los espíritus de la oscuridad -los Aña- vivían en la tierra como personas, aterrorizando a los primeros guaraníes asesinando a los hombres y secuestrando a las mujeres.

      En una pequeña aldea vivía una muchacha llamada Araverá -Destello en el Cielo-, hija del gran Cacique Ururutï -Cóndor Blanco-. Ella se había casado con el dios Colibrí, Chinu Tumpa, y esperaba un hijo en muy poco tiempo, el mismo que esperaban que se convertiera en el mejor Chamán -Paye- de la región, capaz de derrotar a todos los espíritus del mal.

      Los Aña, al enterarse de la noticia, se propusieron matar a Araverá. Montados en sus caballos alados que lanzaban fuego se dirigieron hacia la aldea; pero Araverá, que ya sabía del peligro escapó volando hacia los últimos confines del universo en la sillita voladora que le había regalado su esposo Colibrí.

   
  Los Aña la buscaron en el fondo de las aguas, debajo de la tierra y más allá de las estrellas. Cuando la sillita voladora ya no pudo aguantar el peso de Araverá y de su pequeña criatura dentro de su vientre, descendieron a la tierra y se ocultaron dentro de un Toborochi. Los Aña pasaron de largo y nunca pudieron encontrarlos. Ahí adentro, en la barriga del Toborochi, Araverá tuvo a su hijo. El niño creció y vengó la maldad de los Aña, pero su madre se quedó atrapada en la barriga del Toborochi. 

     Cuenta la leyenda que, al llegar el frío, Araverá sale convertida en una hermosa flor rosada para que los colibríes vayan a disfrutar de su néctar. 

Creación literaria- Un mito

Cuando la Tierra era como un plato, un hombre andaba por la sabana cargando con una piedra de color gris, redonda como la Luna. Se sentó a descansar bajo una acacia y cayó en un sueño tan profundo como el mar que aún no existía.

Cuando despertó, mojado por unas pequeñas gotas de lluvia desconocidas en aquella tierra llana como la palma de la mano, la piedra ya era gigantesca y poco a poco se fue elevando sobre lo que parecían cuatro patas. Una prominente cabeza se formó alargando una nariz asemejando un gran brazo, finalmente unas orejas inmensas acompañaron a unos cuchillos blancos más afilados que espinas.

Empezó a caminar pesadamente, convirtiéndose en el primer animal de la sabana después del hombre.

Ahora tendría que ponerle nombre.


No hay comentarios:

Publicar un comentario